jueves, 23 de mayo de 2013

Argentinos: Será el próximo Banfield o logrará zafar?



Argentinos Juniors viene en caída. Eso lo saben todos. Ha perdido los últimos cinco partidos de manera consecutiva y, en el Torneo Final, aparece en la última colocación, con 7 puntos en 14 partidos, producto de una victoria, cuatro empates y nueve derrotas. Sin duda, un presente negro para el club de la Paternal, que hace tan sólo tres años se consagró campeón del fútbol argentino. Pero más negro es, todavía, porque las últimas campañas han impactado en el promedio del descenso del club de la Paternal, dejándolo peligrosamente cerca de perder la categoría. Hoy, con cinco fechas por jugarse, está a sólo tres puntos por encima de Independiente, club que, por si fuera poco, está en plena levantada futbolística.

Surge, inevitablemente, la comparación del caso Argentinos Juniors con la caída clamorosa de Banfield, en la temporada 2011/2012, que acabó perdiendo la categoría de manera directa tras lograr, en toda esa temporada, sólo 22 puntos. Peor aún: en el promedio aún se le contaba a Banfield la temporada en la que salió campeón (Apertura 2009), en la cual sumó 73 puntos.

Argentinos Juniors no tiene en su actual promedio esa temporada, en la que también fue campeón. Sin embargo, por su juego y por el momento institucional que vive, sus situaciones son muy comparables.

Por empezar, al club de la Paternal se le vienen negando los resultados, a tal punto que en este torneo ya tuvo tres entrenadores: Gabriel Schurrer, Fabián de Sarrasqueta y el actual, Ricardo Caruso Lombardi. Entre los tres, que dirigieron los últimos 19 partidos, sólo han logrado obtener una victoria, frente a All Boys, en el segundo partido de Caruso Lombardi. Y no parece, al igual que le pasó al club del Sur, encontrar una salida a la mala racha. El equipo parece anímicamente muy débil, y el lunes se notó: le hicieron un gol apenas jugados 17 minutos. Aunque en ese partido logró empatar rápido, luego volvió a quedar en desventaja y se desnudó su falta de fútbol. El equipo va por empuje, no se vislumbra una idea de juego y está muy expuesto a los vaivenes emocionales que pueda generar el partido. Como en su momento le pasó a Banfield, existe la sensación de que Argentinos puede perder contra cualquier rival.

Por si fuera poco, las tradicionales ideas que surgen en estos casos (técnicos del riñón del club, técnicos “sacapuntos”) parecen no haber funcionado. En Banfield se intentó con Sebastián Méndez, campeón e identificado con la entidad, y con Ricardo La Volpe, ex arquero e ídolo del club: ninguno pudo hacer un puntaje decente. Y en Argentinos, el actual DT, que tiene fama de levantar equipos con problemas de promedio (recuérdense sus campañas en Racing, en Newell’s y en el propio Argentinos en su primer ciclo) tampoco está teniendo demasiado éxito. Algo debe pasar con el equipo si ni siquiera gente con peso en los clubes no pueden solucionar los problemas. Y esto está relacionado con el punto anterior: Argentinos, como le pasó a Banfield, parece estar atrapado en una espiral derrotista, donde cada partido es un nuevo golpe al ánimo que profundiza la caída, y no se puede encontrar la salida. Algo similar le pasó a River en el final del Clausura 2011, particularmente luego del partido que perdió ante All Boys como local, tras el cual la entidad de Núñez no logró ganar ningún partido más y las voces de alarma se empezaron a multiplicar exponencialmente en y alrededor del club.

Las desprolijidades en la elección del DT también son un punto en común. Como se explica en el párrafo anterior, más allá de la falta de resultados, no se eligieron técnicos calificados para la tarea. Sólo parece haberse hecho eso en Argentinos, donde se contrató a Caruso Lombardi, entrenador que sabe de hacer zafar equipos del descenso. Y en Banfield, en el Clausura 2012, Jorge Da Silva duró sólo tres partidos en su cargo: se fue a mitad de torneo, cuando le surgió otra propuesta laboral. Y aquí puede hacerse un punto: si una dirigencia es tan débil que deja ir a un DT con contrato firmado, casi sin oponerse, no se puede esperar que el club funcione bien. Más allá de que la dirigencia no incide directamente en el fútbol, se propaga por el club una sensación de falta de liderazgo que es perjudicial para el desempeño de los empleados. Pasa en cualquier empresa, y también pasará en un club deportivo.

Por último, no se puede dejar de remarcar los escándalos que han surgido recientemente en Argentinos. El cruce de Caruso Lombardi con Diego Placente, la decisión dirigencial de borrar a tres jugadores, el papelón de Luis Segura teniendo que salir a aclarar que no había “vendido el descenso” de su club y su posterior renuncia al Comité Ejecutivo de la AFA, son sucesos que nada colaboran en la lucha del club y que lo hunden todavía más. Estas reacciones pueden entenderse con una razón: como dijo Carlos Mac Allister recientemente, el club “perdió la paz interior”. Ya todos están nerviosos, con la histeria a flor de piel, y se sabe que las decisiones que se toman en ese estado rara vez son buenas. Lo más grave es que los jugadores perciben este problema y, tal como ocurre en una empresa a punto de quebrar, la productividad baja por el mal clima que se extiende a toda la institución. No hay quien ponga los pies sobre la tierra y fije un rumbo claro a seguir.

Argentinos está en una espiral descendente. Hoy en día, parece que todas las circunstancias estuvieran encaminadas a hacer que el club siga perdiendo partidos y, eventualmente, pierda la categoría. Depende de Argentinos poder escapar a esa espiral. Pero debe fijarse en el caso Banfield y tratar de no imitarlo; en este momento, está haciendo las cosas demasiado parecido a ese club. Tiene el antecedente para no repetir. Y todavía está a tiempo de cambiar.



Por Esteban Perisset

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